El actual enfrentamiento
es un artículo de Iker Gallastegi publicado en GARA el 21 de diciembre del año 2000.
El actual enfrentamiento
Aunque en apariencia concebible, sobre todo para quien quiere creérselo, no deja de ser un planteamiento erróneo el que ETA y el PP sean dos extremos de enfrentamiento despiadado mientras que el PNV y el PSOE son promotores de un consenso, aunque limitado, como algunos están afirmando.
En primer lugar porque la presencia del PP en el Gobierno español es de apenas 5 años y la lucha armada de ETA dura ya más de 40, primero contra los gobiernos de la dictadura y los diversos gobiernos «democráticos» de derechas del post-franquismo, pero luego también contra los del PSOE.
En segundo lugar porque, cuando ha ostentado el poder, el comportamiento del PSOE, promotor de la dispersión y alejamiento de los presos políticos vascos, así como inspirador, organizador y financiador de los GAL, no ha sido, ni lo es hoy que no gobierna, compaginable ni compatible con espíritu consensual ni negociador alguno. En tercer lugar porque el PSOE sólo podría ser promotor de un consenso limitado y coyuntural para participar en la gobernación de esa anómala Comunidad Autónoma Vascongada. Nunca para solucionar el conflicto político que nos enfrenta al Estado español, causa de los males que nos aquejan, incluida la lucha armada de ETA.
Dejémonos pues de diferenciaciones. Todos ellos, lo mismo hoy que a lo largo de la historia, se sienten llamados a ser los defensores a ultranza de la sacrosanta unidad de España. Y punto.
Por lo tanto, el actual enfrentamiento sigue siendo el de siempre, la continuación del histórico conflicto entre el Estado español y los vascos que defienden los derechos de Euskal Herria como nación diferenciada. Esta, y no otra, es la contienda.
Es verdad que los bandazos políticos y el confusionismo ideológico en el que navega el PNV han añadido una agravante más a esa contienda. La dificultad surge ya desde los tiempos de Sabino Arana, cuando el ala derecha del PNV, haciendo uso de su potencial económico y experiencia empresarial, comenzó a extender sus tentáculos sobre las estructuras y órganos dirigentes del PNV. Tan fuerte fue su influencia que logró que incluso Sabino Arana, encarcelado y ya debilitado por su enfermedad, considerase la posibilidad de que estos seguidores suyos formasen un partido «españolista» que se dedicara a conseguir ventajas económicas para el pueblo vasco sin quebrantar la unidad española. El ya dejó claro que no pertenecería a ese partido «pues nacionalista y españolista no se puede ser a un tiempo».
Esta opción «españolista» fue efímera en Sabino Arana, pero no así en algunos de sus seguidores. El ideólogo principal de esa tendencia, Kizkitza, dijo claramente que «constataba los deseos de los vascos, siempre capacitados para administrar sus bienes, a favor de una mayor libertad, compatible con la unidad del Estado». El Napar Buru Batzar fue más explícito aún: «Declaramos asimismo que no somos separatistas, ni lo hemos sido nunca, ni queremos serlo; que deseamos la unión de España en la forma tradicionalmente foral de unión equiprincipal». Y el EBB ponía la guinda al pastel con su nueva definición de lo que era ser nacionalista al negar que «el objetivo de la independencia fuera consustancial con el nacionalismo». Y así disolvieron el PNV y lo sustituyeron por Comunión Nacionalista Vasca, es decir, el partido «españolista».
Aunque se declaraban, y se siguen declarando, seguidores de Sabino Arana, esa tendencia españolista ha seguido viva y dominando en el PNV. Los de «Aberri» (1916-1923), los de «Jagi-jagi» (1932-1936) y después del franquismo Herri Batasuna e incluso los «expertos en antiterrorismo» que el Lehendakari vascongado Ardanza hizo venir hace algunos años, ya les advirtieron que el camino estatutista, la vía «españolista», jamás nos conduciría a la soberanía, a la independencia. Hoy en día los «estatutistas», con su gobierno autonómico vascongado, nos han metido de lleno en un callejón político sin salida abertzale posible y la pugna entre regionalistas y nacionalistas sigue viva en nuestro pueblo.
Esa postura regionalista hace que, para gobernar las Vascongadas, el PNV esté otra vez dispuesto a aliarse con el PSOE. Durante las dos décadas pasadas han estado jugando esa baza colaboracionista, regionalista y anti-independentista. No les es fácil ahora renunciar a las migajas de poder así adquiridas ni a las suculentas remuneraciones que se reparten. Aunque sea al precio de perpetuar la partición de Euskal Herria peninsular y de acatar traicionera y sumisamente la Constitución española.
Todas las componendas de negociaciones entre los partidos «demócratas» (?) o únicamente entre el PP y PSOE para derrotar a ETA; el ostracismo político de la izquierda abertzale por esos supuestos «demócratas antiviolentos», el colaboracionismo del PNV y de EA con partidos políticos españoles anti-abertzales para gobernar las Vascongadas; los continuos y diversos precondicionamientos y exclusiones para poder sentarse todos a dialogar y negociar, no hacen más que marear la perdiz y prolongar insustancialmente el estatus quo de enfrentamiento violento. ¡Siéntese el Gobierno español a negociar una solución al conflicto político existente y se acabó la lucha armada! Es tan sencillo y democrático como eso.
ETA nació militarmente durante la dictadura franquista por causa de esa imposibilidad de negociar. Muerto Franco y llegada la supuesta «democracia» española, los gobiernos de Madrid continuaron imposibilitando la negociación e incluso el reconocimiento de la existencia de conflicto político alguno. Mientras continúe esa imposibilidad de negociar y solucionar el conflicto democráticamente, no caben, por lo tanto, esperanzas de paz duradera. El cese sin más de las acciones armadas de ETA no sería más que una paz efímera, la paz del vencido, y la lucha armada necesariamente volvería a renacer, como el ave fénix, de sus propias cenizas. ¿Es esa la «paz» que se le está pidiendo a ETA?
La otra vía que pudiera ser considerada seriamente sería la adopción de la desobediencia civil o resistencia pacífica. Ahora bien, para poder tener la menor posibilidad de practicarla exitosamente, es menester que quienes se decidan a practicarla sean mayoría o casi, estén muy convencidos del fin soberanista que se persigue y además tener algún líder carismático a quien, por su ejemplar entrega y sacrificios personales, obedecer ciegamente, como hacían los indios con Gandhi. En Euskal Herria hoy por hoy no gozamos de ninguno de estos requisitos.
Individualmente la lucha armada, la desobediencia civil o la vía política, casi seguro que no conseguirán «convencer» al Gobierno español a que negocie. ¿Pero si concurriesen las tres?
Seamos claros: la lucha armada de ETA no es más que una excusa, un subterfugio, un pretexto. Lo que no sólo entorpece sino que impide la aglutinación de los sectores «abertzales» para cualquier proyecto soberanista, es el regionalismo españolista de los burukides de los partidos «nacionalistas moderados». Se sienten cómodos en la actual España y se sentirían sumamente colmados si se transfiriese a las vascongadas todo lo pactado en el Estatuto. Pero si no se transfiere, tampoco se sentirán demasiado insatisfechos, no darán mucha guerra.
Quienes queremos conseguir que Euskal Herria sea una nación soberana e independiente tenemos dos arduas tareas ante nosotros. Haciéndole superar su caduco regionalismo españolista, reconvertir al PNV al nacionalismo vasco y, «convenciéndole» de que la prepotencia y la imposición no son la vía, obligarle al Gobierno español a sentarse a negociar democráticamente con Euskal Herria.
Invirtiendo el dicho «Todos tenemos que dar algo para que unos pocos no tengan que darlo todo», podríamos decir que si todos no damos un poco entonces unos pocos tendrán que seguir dándolo todo.
Iker Gallastegi